En el episodio anterior explicamos en qué consistía el proyecto de navegación colombino, hacia el oriente de las Islas de Cipango y el Cathay, la India del Gran Khan.
Fue en su segundo viaje, tras una corta y feliz travesía de veinticinco días cuando finalmente encuentra esas islas señaladas en su carta de navegación, que estaban exactamente a 750 leguas de la isla de Hierro, en las Canarias. Fue el 3 de noviembre de 1993, de madrugada, cuando Colón avistó por fin una isla a la que bautizó con el nombre de La Deseada, estas y otras aledañas eran las que estaban reflejadas en su carta marítima a la distancia indicada (Todos Sanctos, Marigalante, Guadalupe, Guadalupe o la Dominica).
Con este hallazgo, totalmente previsto en su mapamundi, el Almirante triunfaba en toda línea. Había encontrado las islas que con tanto afán buscaba, situadas a la distancia exacta anunciada por él a sus compañeros del primer viaje antes de abandonar la isla del Hierro. Sus iniciales cálculos no estaban equivocados. Había cumplido la promesa hecha a los reyes, a los de la junta y a los tripulantes, de encontrar islas, y entre ellas la que evidentemente creía el Cipango, a 750 leguas de las Afortunadas.
Entonces la gran pregunta que nos hacemos, ¿Colón estaba en un error en cuanto al encuentro con esas primeras islas? Pues diremos: Sí y no ¿Y como señaló con total clarividencia que, exactamente, a 750 leguas de las Canarias, 4500 Km, se encontraban unas islas precursoras del Cipango (Japón)? Intentaremos dar respuesta a todo ello.